Galería Ehrhardt Flórez

Exposiciones

  • David Bestué

gran ojo

10/09/2026 - 31/10/2026

Después de siete años desde su última exposición individual en galería, David Bestué presenta su primera muestra en Ehrhardt Flórez.

La exposición se llama gran ojo por la tensión entre la grisalla y los colores puros. Al trabajar con unos determinados materiales, frecuentes en sus últimas producciones, como aquellos procedentes de desechos, el cromatismo viene dado por la crudeza del propio material, al que ahora Bestué ha querido unir otra capa, la de superficies cubiertas de colores puros y complementarios. Hay una notable atracción sobre la materialidad grisácea y agotada, gastada según el artista, enfrentada a algo que parece fuera de lo real, lo nuevo, lo que todavía no se ha mezclado. 

Cuando trabaja con materiales procedentes de desechos, Bestué parte normalmente de algo que ya ha sido muchas otras cosas antes: papel y tejidos triturados, escoria, ceniza de hueso o serrín. El resultado suele ser un tono agrisado o marrón donde todo aparece disuelto, al mismo nivel, indiferenciado e insípido. 

Desde hace un tiempo contrapone estos materiales a pétalos de rosa o de buganvilla. Y a pesar de estar encapsulados en resina para conservar su pigmentación y presentarse bajo la apariencia de elementos modulares, como planchas onduladas o lamas de techo, de algún modo, aportan un nuevo cromatismo. Lo prefabricado y lo singular, lo industrial y lo orgánico se encuentran en distintas capas de una misma superficie.

La referencia al uso de los colores puros y complementarios, a lo nuevo y aún no mezclado, que puntualmente aparece en las tres salas de la exposición, remite a su vez al “arcoíris”, símbolo del colectivo LGTBI+; Bestué presta atención a ese vínculo y, al mismo tiempo, reflexiona sobre lo arbitraria que puede resultar esa asociación.

En gran ojo se presentan intervenciones de mayor tamaño y escala que interactúan con la arquitectura, o bien contienen una propia dimensión arquitectónica y estructural. El espacio se conforma según distintos elementos de gran envergadura que dan cobijo a otros más pequeños. Lo perceptivo, lo mecánico, lo móvil y lo estático construyen los recorridos y las sensaciones, especialmente perceptivas y visuales, a través de las que se articula la muestra.

En la sala principal una enorme pared de planchas onduladas como las de uralita, hecha en fibra de vidrio y hojas de buganvilla, atraviesa el espacio dividiendo la exposición en dos partes; un cuenco se coloca en lo alto de una estructura de madera; una escultura de yeso y hojas de buganvilla, que representa el costado de un cuerpo, se enfrenta a un papel de amapola; unas peras de azúcar cuelgan del techo; y un tambor móvil de vitrales de colores cierra esta parte de la exposición.

La pared no es del todo opaca pero tampoco es transparente. Las hojas de buganvilla encapsuladas en la fibra de vidrio parecen esconder algo entre la espesura. ¿Qué tapan los pétalos? En palabras del propio artista esta obra anuncia algo que aún no sucede pero que está a punto de ocurrir. Una imagen esperando aparecer.

Junto a la pared hay una estructura de madera que recoge un cuenco. La textura y posición del fieltro que hace las veces de techo y mantel y unas frutas escondidas dentro de ese nido o frutero colocado en alto aluden indirectamente a los bodegones cezannianos. Como en aquellos, aquí hay algo que no se deja ver. Esa ausencia propone otro punto de vista que invita al espectador a adoptar un nuevo ángulo, inédito en anteriores exposiciones en la galería, desde el que descubrir el color y la obra en su totalidad.

Al otro lado de la pared, el costado de buganvilla, cuyas hojas provienen de un jardín romano, alude a un juego de materiales, texturas, tacto y memoria. Esta escultura se aleja del trabajo con el molde, repetido en otras ocasiones, y plantea el papel que el cuerpo humano juega a día de hoy en la escultura contemporánea. El papel de amapola alude a su vez al campo castellano y las peras de azúcar al sabor, lo comestible y cierta idea de figuración más o menos definida. Por su parte el tambor de luz responde a la idea principal de la exposición. Se trata de un gran ojo, mecánico, con elementos vegetales, tecnologías y técnicas diferentes. Un vitral modernista se mezcla con otros materiales más precarios o filtros orgánicos, como un vidrio esmerilado o nuevos pétalos. Si algunas obras de Bestué recientes planteaban esta mezcla desde la temporalidad este tambor lo hace desde la materialidad. Como dice el artista “Op Art y la catástrofe”.

En la segunda sala, más cercana a lo instalativo, un techo de lamas de pétalos de rosas cubre toda la parte superior del espacio. Proponiendo otra sensación a través de la altura, la luz, el color y lo perceptivo, dos esculturas ocupan el resto de la sala. Un par de sillas, separadas por una barra de sal, se apilan vacías una sobre otra. Se trata de dos sillas monobloc, de producción industrial, a las que se les ha sustituido una de sus patas por otras nuevas. La pata de la silla superior ha sido realizada con arena de la playa de Riazor en A Coruña, en un guiño a Samuel Luiz, asesinado hace unos años en ese mismo lugar, y la otra con tierra del barranco de Víznar en alusión al asesinato de Federico García Lorca.

La pieza que da título a la exposición, gran ojo, es una esfera de resina con huevos de colores puros y primarios, que descubre el interior de un ojo que se mancha con las cosas nuevas que entran en él.

Finalmente, en el despacho, una pequeña escultura titulada “Palabra rota”, agrupa o reúne cuatro fragmentos de una silla de madera triturada. Junto a ella hay dos piezas de pared: una piedad realizada durante su última estancia en Roma que une la tipología clásica escultórica de piedad y la reinterpretación vanguardista que de ella hizo Oteiza, y otra pieza de nueva producción que representa unos elementos modulares arquitectónicos diseñados por Rafael Moneo para la estación de Atocha en Madrid. Utilizados anteriormente por Bestué en su exposición Flor Hispania (CA2M, 2025), incorporan ahora al imaginario más grisáceo original del motivo de Moneo, una combinación de colores, primarios y complementarios, que irónicamente resignifican su naturaleza.

Mientras sus últimas exposiciones han girado alrededor de unas temáticas más concretas en relación sobretodo con el territorio, esta exposición contiene una gran diversidad de investigaciones, preocupaciones e intereses, tanto conceptuales como materiales.

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